conciudadanos; resultantes no del nacimiento, sino de nuestras acciones, y del sentido que ellas tienen,,, .iluminados por una religión benigna^ profesada, en verdad, y practicada en varias formas, mas inculcando todas ellas la honradez, la verdad, la templanza, la gratitud ^ y el amor al hombre,.,.reconociendo y adorando a una Providencia superior, la cual, por todas sus dispensaciones, prueba que se deleita en la felicidad del hombre aquí, y en su mayor felicidad más allá...,con todas estas bendiciones, ¿qué más es necesario para hacernos un pueblo feliz y próspero ?,„. Todavía una cosa más, conciudadanos., un gobierno sabio y frugal, que restrinja a los hombres de lesionarse los unos a los otros; que los deje por lo demás libres para regular sus propias empresas de industria y mejora; y que no quite de la boca del trabajo el pan que se ha ganado. Este es el compendio del buen gobierno; y esto es necesario para cerrar el círculo de nuestras felicidades.
A punto de entrar, conciudadanos, en el ejercicio de deberes que comprenden todo cuanto os es caro y valioso, es adecuado que comprendáis cuáles considero los principios esenciales de nuestro gobierno y, consecuentemente, aquellos que deben regir su administración. Los comprimiré en el espacio más breve posible, enunciando el principio general, pero no todas sus limitaciones. Justicia igual y exacta para todos los hombres, de cualquier condición o credo, religioso o político;... paz, comercio y amistad sincera con todas las naciones;... alianzas entrelazadas con ninguna;... el apoyo a los gobiernos estatales en todos sus derechos, como las administraciones más competentes para nuestros asuntos domésticos y los baluartes más seguros contra las tendencias antirrepublicanas;... la preservación del gobierno general en todo su vigor constitucional, como el ancla de salvación de nuestra paz interior y nuestra seguridad exterior;... un celoso cuidado del derecho de elección por el pueblo;... un corrector moderado y seguro de los abusos, que son truncados por la espada de la revolución cuando no se han previsto remedios pacíficos;... la aquiescencia absoluta a las decisiones de la mayoría, el principio vital de las repúblicas, del cual