Codal
nydus/The Wolf-LeaderPublic
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Maestro Magloire

Thibault fue como los demás; ya no tenía necesidad de trabajar, pues le resultaba más sencillo dejar que los lobos trabajaran para él. De obrero había pasado a ser un hombre desahogado, ahora solo le faltaba hacerse un caballero, y Thibault confiaba en lograrlo. No era hombre de quedarse rezagado, y por ello hizo buen uso de brazos y piernas para asegurarse un sitio en primera fila. En el transcurso de esta maniobra le ocurrió que arrugó el vestido de una mujer alta y elegante junto a la cual intentaba instalarse. La dama tenía aprecio por sus ropas y, sin duda también, estaba acostumbrada a mandar, lo que de manera natural produce una actitud de desdén, pues, volviéndose para ver quién la había rozado, dejó escapar la tajante palabra: «¡Grosero!». A pesar de la grosería del comentario, la boca que pronunció las palabras era tan hermosa, la dama tan bella y su momentáneo enfado en tan feo contraste con la encantadora expresión de su rostro, que Thibault, en vez de replicar en un tono similar, o incluso más ofensivo, se limitó a retroceder, tartamudeando alguna especie de disculpa.

No hay necesidad de recordarle al lector que, de todas las aristocracias, la belleza sigue siendo la principal. Si la mujer hubiera sido vieja y fea, bien podría haber sido una marquesa, pero Thibault la habría llamado sin duda con algún apelativo oprobioso. Es posible también que las ideas de Thibault estuvieran algo distraídas por el extrañísimo aspecto del hombre que servía de caballero a esta dama,

Era un hombre corpulento de unos sesenta años, vestido enteramente de negro y de una pulcritud en el aseo perfectamente deslumbrante; pero con ello, tan sumamente bajo, que su cabeza apenas llegaba al codo de la señora, y como a ella le habría sido imposible tomarle del brazo sin torturarse positivamente, se contentaba con apoyarse majestuosamente sobre su hombro.

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