“Mi querido Collard:
“Te mando a ese idiota de mi guardabosques, a quien ya conoces; se le ha metido en la cabeza que una vieja le produce pesadillas todas las noches y, para librarse de este vampiro, no tiene la menor intención que la de matarla.
“Sin embargo, es posible que la justicia no vea con buenos ojos este método suyo para curarse la indigestión, así que voy a enviártelo con cualquier pretexto. ¿Quieres también, bajo cualquier pretexto, mandarlo, tan pronto como llegue a lo tuyo, a casa de Danré, en Vouty, quien a su vez lo mandará a la de Dulauloy, el cual, con o sin pretexto, podrá entonces, por lo que a mí respecta, ¡mandarlo al diablo?
“En resumen, hay que tenerlo dando vueltas durante quince días al menos. Para entonces ya nos habremos mudado de aquí y estaremos en Antilly, y como ya no estará en el distrito de Haramont, y como su pesadilla probablemente lo habrá abandonado por el camino, la madre Durand podrá dormir en paz, lo cual yo ciertamente no le aconsejaría que hiciera si Mocquet siguiera en ninguna parte de su vecindario.
“Te trae media dozenilla de agachadizas y una liebre, que cazamos ayer por los pantanos de Vallue.
“Mil y un recuerdos de los más tiernos a la bella Herminie, y otros tantos besos a la querida pequeña Caroline.
Una hora más tarde, Mocquet iba de camino y, al cabo de tres semanas, se reunió con nosotros en Antilly.