Codal
nydus/The Wolf-LeaderPublic
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XVII

Su cabello, sujeto tan solo por cuatro alfileres de diamantes, caía suelto hacia un lado, mientras que el resto estaba recogido en un gran bucle que pendía sobre el otro hombro y caía en su turgente pecho. Las líneas gráciles de su esbelta y bien formada silueta, ya no ocultas por los abullonados del vestido, se adivinaban con claridad bajo su bata holgada de seda rosa, ricamente cubierta de encaje; tan fina y transparente era la seda de sus medias, que parecía más bien carne blanca como la perla que cualquier tejido, y sus diminutos pies estaban calzados con zapatillas de tela de plata, con tacones rojos. Pero ni un átomo de joyería⁠: ni pulseras en los brazos, ni anillos en los dedos; tan solo una hilera de perlas alrededor del cuello, eso era todo⁠, ¡pero qué perlas!, ¡valían un Potosí!

Al acercarse aquella radiante aparición, Thibault cayó de hilos; se inclinó, sintiéndose anonadado ante la vista de aquel lujo y de aquella belleza, que para él parecían inseparables.

«Sí, sí, bien puedes arrodillarte —arrodíllate más, aún más— bésame los pies, besa la alfombra, besa el suelo, pero no por eso voy a perdonarte… ¡eres un monstruo!».

“En verdad, Madame, si me comparo con usted, ¡soy aún peor que eso!”

—¡Ah! sí, finge que malinterpretas mis palabras y crees que solo hablo de tu apariencia exterior, cuando bien sabes que hablo de tu comportamiento… y, a decir verdad, si tu alma pérfida se reflejara en tu rostro, serías verdaderamente un monstruo de fealdad. Pero no es así, pues el Monsieur, a pesar de toda su maldad y sus infames acciones, sigue siendo el caballero más apuesto de toda la comarca. Pero, vamos a ver, Monsieur, ¿no deberías avergonzarte de ti mismo?

—¿Porque soy el caballero más apuesto del vecindario? —preguntó Thibault, deduciendo por el tono de voz de la dama que su crimen no era irremediable.

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