La reciente investigación sobre la idoneidad de cinco socialistas suspendidos para ocupar sus escaños como legisladores en la Asamblea de Nueva York provocó un furor asombroso, revelando una ignorancia pasmosa acerca del socialismo estadounidense entre nuestros ciudadanos más inteligentes. La confusión en la mente del público aumentó aún más por obra del fiscal general de Estados Unidos, cuya convincente caracterización de los dos partidos comunistas, emitida el 23 de enero de 1920, contenía la siguiente frase:
"Ciertamente, una organización como el Partido Comunista de América y también el Partido Laborista Comunista no pueden interpretarse como pertenecientes a la misma categoría que el Partido Socialista de América, estando este último comprometido con la realización de cambios en el Gobierno por medios lícitos y legítimos."
Pero ¿pueden los hechos expuestos hasta ahora en este libro "interpretarse" como indicadores de alguna diferencia sustancial entre los 39.000 o 40.000 socialistas que han conservado su viejo nombre de partido y los 70.000 o 72.000 que se separaron de ellos en septiembre de 1919? Hasta el momento de la separación, ¿no estaban todos por igual bajo