"La propaganda bolchevique en el extranjero, aunque sigue siendo tan activa e insidiosa como siempre, ha experimentado recientemente un cambio radical. A esa conclusión llegué tras un detenido estudio del tema, que llevé a cabo en Moscú y Petrogrado, respaldado por una entrevista con G. S. Zinóviev, gobernante de esta última ciudad, además de presidente del Comité Ejecutivo de la Tercera Internacional y agitador de la revolución. "El Partido Comunista Ruso, que es el título político oficial de los bolcheviques, ya no exporta agitadores elegidos entre sus miembros para encender las llamas de la revuelta en tierras extranjeras. Hoy en día son demasiado listos para ese método anticuado. Lo que hacen en estos tiempos científicos es importar del país de origen el producto toscamente labrado de su propio bolchevismo doméstico, someterlo a ciertos procesos de acabado (incluyendo tal vez un forro de oro) y reenviarlo a su hogar completo en todos los detalles, de funcionamiento fluido y altamente inflamable. Esa es una de las razones por las cuales el Gobierno soviético está dispuesto a prometer —y a cumplir su promesa— de abstenerse de enviar agentes encargados de difundir el evangelio de la aniquilación del capitalismo... "Otra razón de la disposición soviética para dejar de hacer propaganda en el extranjero es que ya ha transferido a la Tercera Internacional todos los asuntos de esa índole... Ahora bien, la Tercera Internacional no tiene conexión oficial con el Gobierno soviético. Se supone que es una institución separada. Sin embargo, todos sus líderes ocupan cargos bajo los soviets y sus fondos, que son considerables, deben provenir de fuentes soviéticas. No obstante, es técnicamente, de hecho legalmente, no gubernamental, por lo cual el Gabinete de Moscú se justifica al prometer dejar en paz la propaganda hacia estados extranjeros 'amistosos'. "El alma de la Tercera Internacional es Zinóviev, quien, junto con Lenin y Trotsky, forma el triunvirato sobre el cual descansa hoy el bolchevismo, aunque no es ni con mucho una figura tan grande como los otros dos. Zinóviev no es miembro del Consejo de Comisarios del Pueblo (el Gabinete), sino meramente del Comité Ejecutivo Central Panruso, del cual el órgano anterior deriva sus poderes y que a su vez está subordinado al supremo órgano ejecutivo, legislativo y judicial: el Congreso Panruso de los Soviets. Así, aunque el papel que se le asigna en el escenario administrativo es realmente tan prominente como el de cualquiera de sus compañeros, a excepción de Lenin y Trotsky, Zinóviev puede afirmar legítimamente que no tiene voz en la administración real de la República Soviética... "El primer punto que Zinóviev me dejó en claro en nuestra conversación fue que la Tercera Internacional no es comparable a la Sociedad de Naciones... El señor de Petrogrado afirmó...: 'La Tercera Internacional... es un grupo puramente político. Es una confederación de los comunistas del mundo, una coalición internacional de los partidos comunistas ya existentes en sus respectivos países... La Tercera Internacional es una empresa en marcha, con unos 8 000 000 de miembros'... "'Pero —le pregunté—, ¿cómo ha de realizarse vuestro objetivo de una república mundial soviética de Europa a menos que exista alguna máquina gubernamental internacional?' "'Habrá alguna máquina de ese tipo —respondió Zinóviev—, pero probablemente tomará la forma de una nueva organización de carácter soviético. A mi juicio, la revolución seguirá los mismos cauces generales que ha tomado en Rusia, con alteraciones de detalle, por supuesto. Si Francia derroca al capitalismo, por ejemplo, establecerá primero el sovietismo y posteriormente se unirá a nosotros. Prever los ángulos mecánicos de dicha combinación, sin embargo, es prematuro'. "'Y vuestro programa de propaganda —me atreví a decir—, ¿sigue siendo tan fuerte y de largo alcance como siempre?' "La pronta respuesta fue: 'La Tercera Internacional es primordialmente un instrumento de revolución. Reúne en Moscú la inteligencia y la energía de todos los grupos comunistas del mundo entero. Delegados de las diversas organizaciones nacionales acuden a nosotros, dan y reciben conocimientos sobre la causa, y regresan a sus respectivos países de origen renovados y vigorizados. Esta labor continuará pase lo que pase, legal o ilegalmente. ¡El Gobierno soviético podrá prometer abstenerse de hacer propaganda en el extranjero, pero la Tercera Internacional... jamás!"
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Capítulo XVI: La conspiración contra nuestro país
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