La dictadura del proletariado condujo rápidamente a una paralización casi completa de la industria. Los gastos gubernamentales aumentaron a saltos y con la creciente pauperización del pueblo; pues las crecientes plantillas de funcionarios bolcheviques eran totalmente incompetentes, se requería un gran ejército de mercenarios para sofocar el número cada vez mayor de insurrecciones y los incesantes ataques de numerosos enemigos extranjeros, debían pagarse enormes subsidios a los obreros bolcheviques, a pesar de que las fábricas producían a veces poco y a veces nada, y, por último, el gobierno de Lenin gastaba grandes sumas en propaganda revolucionaria en los diferentes países del mundo. La esclavitud política y económica, la corrupción moral y la inanición de millones de personas son algunas de las «bendiciones» otorgadas a Rusia por el bolchevismo.
Catherine Breshkovsky, la "Abuela de la Revolución Rusa", ella misma socialista, hablando de los bolcheviques, dijo: