cita del mismo bastará sobradamente para mostrar el absoluto desprecio del socialista inglés hacia la religión:
"Si un hombre apoya a la iglesia, o de algún modo permite que las ideas religiosas se interpongan en el camino de los principios del socialismo o de la actividad del partido, demuestra con ello que no acepta el socialismo como fundamentalmente verdadero y de primera importancia, y su lugar está fuera. Ningún hombre puede ser consecuentemente a la vez socialista y cristiano. Debe ser el principio socialista o el religioso el que prevalezca, pues el intento de unirlos a ambos por igual delata charlatanería o falta de reflexión. No hay necesidad, por tanto, de una prueba específicamente antirreligiosa. Tan seguramente conduce la aceptación del socialismo a la exclusión de lo sobrenatural, que el socialista tiene poca necesidad de términos como ateo, librepensador o incluso materialista, ya que la palabra socialista, bien entendida, implica a alguien que (en todas estas cuestiones) se sitúa en la ciencia positiva, explicando todas las cosas mediante una causalidad puramente natural —siendo el socialismo no meramente un credo político-económico, sino una parte integrante de una cosmovisión coherente—."