Se recordará que el delegado Lewis, en una sesión anterior de la convención, había dicho:
"Digamos la verdad o tengamos la decencia, el sentido común, la fortaleza y los pantalones de mantener la boca cerrada al respecto" (es decir, la religión desde el punto de vista de la filosofía socialista).
Para demostrar la insinceridad de Lewis, citaremos ahora partes de un segundo discurso pronunciado por él en la tarde del mismo día en que había hablado tan elocuentemente en favor de afirmar la verdad y no decir una mentira:
—Me he reunido —dice—, entre la sesión de la tarde y la sesión de la noche, con la mayoría de los miembros del comité del programa, y he llegado a un acuerdo con ellos que estoy seguro de que la convención se alegrará de escuchar, y zanjará esta cuestión, creo, de manera amistosa para todos los interesados... Me considero a mí mismo y a cualquier otro delegado presente en este recinto como asistente a esta convención con el único propósito de promover los mejores intereses del Partido Socialista. Estoy dispuesto a renunciar a cualquiera de mis opiniones personales, y creo que los miembros del comité del programa se encuentran en la misma posición, para promover dichos intereses... Si bien puede no coincidir con mi opinión personal el hecho de que este punto permanezca en el programa, estoy dispuesto a dejar de lado esas opiniones personales antes que colocar al movimiento socialista en Estados Unidos en una falsa posición y dejarlo expuesto a los ataques de nuestros enemigos".