"Ayer no hubo desfile «rojo» en Gary... «Cincuenta policías, con revólveres al cinto y reforzados por un escuadrón especial de dieciséis escopeteros, una compañía de la milicia estatal, treinta ayudantes del sheriff, un grupo de agentes del servicio secreto de Chicago y cientos de ciudadanos voluntarios, impidieron el desfile después de que los socialistas rusos desacataran una orden del alcalde W.H. Hodges que prohibía la marcha y declararan que seguirían adelante a pesar de las autoridades... «La manifestación de ayer fue el resultado de un complot cuidadosamente planificado durante casi un mes por el elemento radical extranjero del condado de Lake, Indiana. Su propósito declarado era protestar contra la condena de Eugene V. Debs y Kate Richards O’Hare. Sin embargo, un rumor subyacente entre los radicales le otorgaba un significado más trascendental. «El jueves, los agentes del servicio secreto obtuvieron ejemplares de panfletos impresos en ruso que contenían una fórmula para la fabricación de explosivos. Se distribuyó más literatura en la que se llamaba al derrocamiento del gobierno. Una tercera serie de folletos contenía la Constitución de la República Soviética Rusa. «El viernes, Morris Lieberman, líder de los socialistas, acudió a ver al alcalde Hodges para pedir un permiso para desfilar. Se le denegó con la explicación de que se temían disturbios como los que causaron dos muertes en Cleveland... «A primera hora de ayer por la mañana, los radicales comenzaron a llegar a Gary. Automóviles procedentes de Indiana Harbor, Whiting, Hammond, Crown Point y trenes desde Chicago los trajeron por doquier. «Hacia el mediodía, varios miles se habrían congregado en el cuartel general socialista y sus inmediaciones, a una milla al sur del distrito comercial de Gary. Bajo los retratos de Trotsky y Lenin, entonaron canciones rusas y se agruparon en corrillos a la espera de la "hora cero": la una en punto. «Lieberman, temeroso de que hubiera derramamiento de sangre, decidió aconsejar a sus seguidores que no desfilaran. Sin embargo, lo abuchearon hasta callarlo y cabezas más calientes tomaron el control de la reunión. Una docena de chicas, con rollos de cinta roja, fijaron una tira escarlata en la solapa del abrigo de cada hombre al entrar en la sala de reuniones. Las corbatas rojas abundaban. Las bandas rojas para sombreros hicieron su aparición. Muchos llevaban claveles escarlatas».
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CAPÍTULO XIV. VIOLENCIA, DERRAMAMIENTO DE SANGRE Y REBELIÓN ARMADA
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