En la primera parte del año 1919, llegó a América la noticia de que las autoridades bolcheviques estaban nacionalizando a las mujeres.
Los socialistas de nuestro propio país, que distan mucho de destacar por su fiabilidad y veracidad, han negado, por supuesto, la acusación, para que el régimen de Lenin, al que apoyan y desean ver extendido a nuestra propia tierra, no vea su ya terriblemente mancillado nombre aún más deshonrado.
Los bolcheviques están lejos de ser santos, y en este capítulo se han señalado «unos cuantos» de sus «defectos».
Ciertamente el Gobierno de Lenin es absolutamente laxo en asuntos referentes a las relaciones sexuales. Ha legalizado plenamente el amor libre, como nos enteramos por el número 2 de la revista radical de Los Ángeles, "More Truth About Russia". Esta revista, por supuesto, defiende a los bolcheviques, y en la página 6 del número antes mencionado cita varios de los decretos del Gobierno de Lenin sobre el asunto del matrimonio y el divorcio. Entre los decretos leemos:
"El matrimonio se anula a petición de ambas partes o incluso de una sola de ellas".
Todo lo necesario para anular un matrimonio es el deseo expresado por cualquiera de las partes. Por supuesto, dicha parte queda entonces en libertad de volver a casarse y seguir casada hasta que se desee otra pareja.
De ahí que el amor libre esté legalizado. De un gobierno que legaliza el amor libre cabe esperar que nacionalice a aquellas mujeres que no desean casarse o que no pueden conseguir pareja para cuando han alcanzado una determinada edad.