Sus sentidos se renovaban continuamente por completo, y el mundo para Él era siempre un mundo nuevo.
Para Él, el balbuceo de un bebé no era menor que el grito de toda la humanidad, mientras que para nosotros no es más que un balbuceo.
Para Él la raíz de un botón de oro era un anhelo hacia Dios, mientras que para nosotros no es más que una raíz.