Y cuando desmonté del viento y en el Sanedrín mis plumas fueron cortadas, aun entonces mis costillas, mis alas sin plumas, guardaron y custodiaron el canto. Y todas las miserias de las tierras bajas no pueden robarme mi tesoro.
He dicho bastante. Que los sordos entierren el murmullo de la vida en sus oídos muertos. Estoy satisfecho con el sonido de Su lira, que Él sostuvo y tañó mientras las manos de su cuerpo estaban clavadas y sangrando.