Salve y el Hosanna de sus labios impuros; y que alimentaba el corazón desfallecido de los desahuciados y los desdichados para tener oídos para su voz y un séquito a sus órdenes.
Él quebrantó el Sábado con aquellos que lo quebrantan para poder ganarse el apoyo de los inicuos; y habló mal de nuestros sumos sacerdotes para ganar atención en el Sanedrín, y mediante la oposición aumentar Su fama.
A menudo he dicho que odiaba a ese hombre. Ay, lo odio más que a los romanos que gobiernan nuestro país. Incluso su llegada fue desde Nazaret, un pueblo maldito por nuestros profetas, un basurero de los gentiles, del cual jamás saldrá nada bueno.