juicio.
“Babilonia no fue arrasada por sus prostitutas; Babilonia se redujo a cenizas para que los ojos de sus hipócritas ya no vieran la luz del día”.
Y otros publicanos habrían querido interrogarle, mas yo hice una seña y les mandé callar, pues sabía que Él los confundiría; y también ellos eran mis huéspedes, y no quería que fuesen avergonzados.
Cuando dio la medianoche los publicanos se fueron de mi casa, y sus almas cojeaban.
Entonces cerré los ojos y vi, como en una visión, a siete mujeres con vestiduras blancas de pie alrededor de Jesús. Tenían los brazos cruzados sobre el pecho y la cabeza inclinada, y miré fijamente en la bruma de mi sueño y contemplé el rostro de una de las siete mujeres, y resplandeció en mi oscuridad.