Dicen que estoy aliado con Él, y que nuestro propósito es incitar al pueblo a levantarse y rebelarse contra el reino de Judea.
Respondo, y ojalá tuviera llamas por palabras: si consideran que este pozo de iniquidad es un reino, que caiga en la destrucción y deje de ser.
Que siga el camino de Sodoma y Gomorra, y que esta raza sea olvidada por Dios, y esta tierra convertida en cenizas.
Sí, tras estos muros de prisión soy en verdad aliado de Jesús de Nazaret, y Él guiará mis ejércitos, a caballo y a pie. Y yo mismo, aunque capitán, no soy digno de desatar las correas de Sus sandalias.
Ve a Él y repite mis palabras, y luego, en mi nombre, ruégale consuelo y bendición.
No he de estar aquí mucho tiempo.
De noche, entre sueño y vigilia, siento pasos lentos de compás medido que caminan sobre este cuerpo. Y cuando escucho, oigo la lluvia caer sobre mi tumba.
Id a Jesús, y decid que Juan de Cedrón, cuya alma se llena de sombras y luego vuelve a vaciarse, reza por Él, mientras el sepulturero permanece muy cerca y el verdugo extiende la mano para cobrar su salario.