Y ya era de noche, y Jesús bajó de los cerros, y todos nosotros le seguimos. Y mientras le seguía, yo iba repitiendo Su oración, y recordando todo lo que Él había dicho; pues sabía que las palabras que aquel día habían caído como copos debían cuajar y volverse firmes como cristales, y que las alas que habían aleteado sobre nuestras cabezas habrían de golpear la tierra como cascos de hierro.
Table of Contents
Mateo
46