El sábado pasado, uno de Sus seguidores dijo en la plaza del mercado:
«En el umbral del cielo donde Jesús pueda dejar Sus sandalias, ningún otro hombre es digno de recostar su cabeza».
Pero yo pregunto, ¿en el umbral de la casa de quién podría haber dejado Sus sandalias aquel honrado vagabundo? Él Mismo nunca tuvo casa ni umbral; y a menudo iba sin sandalias.