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“No cometerán un delito sin que tu mano esté con su mano.
“Ellos no caerán sin que ustedes también caigan; y ellos no se levantarán sin que ustedes se levanten con ellos.
“Su camino hacia el santuario es vuestro camino, y cuando buscan el yermo, vosotros también buscáis con ellos.
“Tú y tu vecino sois dos semillas sembradas en el campo. Juntos crecéis y juntos os meceréis con el viento. Y ninguno de vosotros reclamará el campo. Pues una semilla en su camino hacia el crecimiento no reclama ni siquiera su propio éxtasis.
“Hoy estoy con vosotros. Mañana marcho hacia el poniente; pero antes de irme, os digo que vuestro prójimo es vuestro yo desconocido hecho visible. Buscadlo en el amor para que podáis conoceros a vosotros mismos, pues solo en ese conocimiento llegaréis a ser mis hermanos”.
Llegó entonces el otoño de Su pasión.
Y nos habló de la libertad, tal como nos había hablado en Galilea en la primavera de su canto; pero ahora sus palabras buscaban nuestra más honda comprensión.
Habló de hojas que solo cantan cuando el viento las azota; y del hombre como una copa colmada por el ángel ministrante del día para calmar la sed de otro ángel.
Mas, ya esté esa copa llena o vacía, se mantendrá cristalina sobre la mesa del Altísimo.
Él dijo: