“Sí, a estos también queremos consolar. ¿Acaso vinimos aquí sino a compartir el pan y la copa con los descoronados y los descalzos de entre
“Pocos, ay, demasiado pocos son los implumes que desafían al viento, y muchos los alados y emplumados que aún están en el nido”.
“Y a todos los alimentaríamos con nuestro pico, tanto a los perezosos como a los veloces”.
Y otro publicano dijo: «¿No se me ha dicho que protegerías a las rameras de Jerusalén?».
Luego, en el rostro de Jesús vi, por decirlo así, las escarpadas alturas del Líbano, y Él dijo: «Es verdad.
«El día del juicio, estas mujeres se levantarán ante el trono de mi Padre, y serán purificadas por sus propias lágrimas. Pero vosotros seréis retenidos por las cadenas de vuestro propio