Treinta años después
Una vez más repito que con la muerte Jesús venció a la muerte, y resucitó de la tumba convertido en espíritu y en poder. Y caminó por nuestra soledad y visitó los huertos de nuestra pasión.
No yace allí, en esa roca hendida detrás de la piedra.
Nosotros, que lo amamos, lo contemplamos con estos nuestros ojos que Él hizo para ver; y lo tocamos con estas nuestras manos que Él enseñó a tenderse.
Conozco a los que no creéis en Él. Yo fui uno de vosotros, y sois muchos; mas vuestro número será menguado.
¿Debes romper tu arpa y tu lira para encontrar la música que hay en ellas?
¿O es menester derribar un árbol para creer que da frutos?
Odiáis a Jesús porque alguien del País del Norte dijo que Él era el Hijo de Dios. Pero os odiáis los unos a los otros porque cada uno de vosotros se considera demasiado grande para ser hermano del prójimo.
Lo odias porque alguien dijo que nació de una virgen, y no de la semilla del hombre.
Pero tú no conoces a las madres que van al sepulcro en virginidad, ni a los hombres que bajan a la tumba ahogados por su propia sed.
No sabes que la tierra fue dada en matrimonio al sol, y que es la tierra quien nos envía al monte y al desierto.