Creo que ni los romanos ni los judíos entendieron a Jesús de Nazaret, como tampoco lo entendieron sus discípulos que ahora predican su nombre.
Los romanos le dieron muerte y eso fue un error. Los galileos harían de Él un dios y eso es una equivocación.
Jesús era el corazón del hombre.
He navegado por los Siete Mares con mis barcos, y he hecho trueques con reyes y príncipes, y con estafadores y astutos en los mercados de ciudades distantes; pero jamás he visto a un hombre que entendiera a los mercaderes como Él lo hacía.
Lo oí contar esta parábola una vez:
“Un comerciante salió de su país rumbo a una tierra extranjera. Tenía dos criados, y a cada uno le dio un puñado de oro, diciendo:
«Así como yo voy al extranjero, ustedes también saldrán y buscarán ganancias. Hagan un intercambio justo, y cuiden de servir tanto al dar como al recibir».”
“Y al cabo de un año el mercader regresó.
“Y les preguntó a sus dos criados qué habían hecho con su oro.
—El primer siervo dijo: «He aquí, Señor, he comprado y vendido, y he ganado».
—Y el mercader respondió: «La ganancia será tuya, pues has obrado bien, y has sido fiel conmigo y contigo mismo».