“Volved con vuestros parientes. El mundo no está listo para mí. Regresaré dentro de mil años. Enseñad a vuestros hijos a aguardar mi
Él podría haber hecho esto de haberlo querido así.
Pero Él sabía que para construir el templo invisible necesitaba colocar Él mismo la piedra angular, y colocarnos a nuestro alrededor como pequeñas piedras cementadas estrechamente a Él.
Él sabía que la savia de Su árbol debía ascender desde sus raíces, y derramó Su sangre sobre sus raíces; y para Él no fue un sacrificio sino más bien una ganancia.
La muerte es la reveladora. La muerte de Jesús reveló Su vida.
Si Él hubiera escapado de ustedes y de Sus enemigos, habrían sido los conquistadores del mundo. Por lo tanto, Él no escapó.
Sólo Él, que lo desea todo, lo dará todo.
Ay, Jesús podría haber escapado de sus enemigos y llegado a la vejez. Pero conocía el fluir de las estaciones, y cantaría su canción.
¿Qué hombre, enfrentado al mundo armado, no se dejaría vencer por un momento con tal de conquistar las edades?
¿Y ahora preguntas quién, en verdad, dio muerte a Jesús, los romanos o los sacerdotes de Jerusalén?
Ni los romanos le mataron, ni los sacerdotes. El mundo entero se detuvo a honrarle sobre aquella colina.