En su vejez
Me pedirías que hable de Jesús, pero ¿cómo puedo atraer el canto de pasión del mundo hacia una caña ahuecada?
En cada aspecto del día, Jesús era consciente del Padre. Lo contemplaba en las nubes y en las sombras de las nubes que pasan sobre la tierra. Veía el rostro del Padre reflejado en las pozas tranquilas y la tenue huella de Sus pies sobre la arena; y a menudo cerraba los ojos para contemplar los Ojos Santos.
La noche le habló con la voz del Padre, y en la soledad oyó al ángel del Señor llamándole. Y cuando se aquietó para dormir, escuchó el susurro de los cielos en sus sueños.
A menudo era feliz con nosotros, y nos llamaba hermanos.
He aquí, aquel que fue el primer Verbo nos llamó hermanos, aunque no éramos más que sílabas pronunciadas ayer.
Preguntas por qué lo llamo la primera Palabra.
Escucha, y responderé:
En el principio Dios se movió en el espacio, y de Su agitación immensa nacieron la tierra y sus estaciones.
Entonces Dios volvió a actuar, y la vida brotó a raudales, y el anhelo de la vida buscó la altura y la profundidad y quiso tener más de sí misma.