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nydus/Jesus the Son of ManPublic
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Un hombre del Líbano

Tu voz engendró sus pensamientos y su entendimiento; Tu voz dio a luz sus palabras y su aliento.

Siete veces he nacido y siete veces he muerto, Y ahora vivo de nuevo, y te contemplo, El luchador entre los luchadores, El poeta de los poetas, Rey por encima de todos los reyes, Un hombre medio desnudo con tus compañeros de camino.

Cada día el obispo inclina su cabeza Cuando pronuncia tu nombre; Y cada día los mendigos dicen: «Por amor de Jesús dadnos un penique para comprar pan».

Nos invocamos los unos a los otros, Pero en verdad te invocamos a ti, Como la marea alta en la primavera de nuestra necesidad y deseo, Y cuando llega nuestro otoño, como la marea baja.

Altos o bajos, tu nombre está en nuestros labios, El Maestro de infinita compasión.

Maestro, Maestro de nuestras horas solitarias, Aquí y allá, entre la cuna y el ataúd, encuentro a tus silenciosos hermanos, Los hombres libres, desatados, Hijos de tu madre tierra y del espacio. Son como las aves del cielo, Y como los lirios del campo. Viven tu vida y piensan tus pensamientos, Y hacen eco de tu canto. Pero tienen las manos vacías, Y no están crucificados con la gran crucifixión, Y en eso radica su dolor. El mundo los crucifica cada día, Pero solo de pequeñas maneras. El cielo no se sacude, Y la tierra no sufre los dolores de parto por sus muertos.

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