Y dejamos nuestra barca y nuestra red y le seguimos.
Yo mismo me sentía atraído por un poder, invisible, que caminaba junto a su persona.
Caminé cerca de Él, sin aliento y lleno de asombro, y mi hermano Andrés iba detrás de nosotros, desconcertado y maravillado.
Y mientras caminábamos por la arena, cobré valor y le dije:
«Señor, mi hermano y yo seguiremos tus pasos, y a donde vayas iremos nosotros también. Mas si te place venir a nuestra casa esta noche, nos honrará tu visita. Nuestra casa no es grande ni nuestro techo elevado, y te sentarás a una comida frugal. No obstante, si moras en nuestra humilde morada, para nosotros será un palacio. Y si quisieras partir el pan con nosotros, en tu presencia seríamos envidiados por los príncipes de la tierra».
Y Él dijo:
«Sí, seré vuestro huésped esta noche».
Y me regocijé en mi corazón.
Y caminamos detrás de Él en silencio hasta que llegamos a nuestra casa.
Y al pararnos en el umbral Jesús dijo:
“Paz sea a esta casa, y a los que en ella moran.”
Entonces Él entró y nosotros Lo seguimos.
Mi esposa y la madre de mi esposa y mi hija se postraron ante Él y lo adoraron; luego se arrodillaron ante Él y besaron el dobladillo deSu manga.