Una vez en Cafarnaúm mi Señor y Maestro habló así:
“Tu vecino es tu otro yo que vive detrás de un muro. En la comprensión, todos los muros caerán.
“¿Quién sabe si tu prójimo no es tu mejor yo vistiendo otro cuerpo? Procura amarlo como habrías de amarte a ti mismo.
“Él también es una manifestación del Altísimo, a quien ustedes no conocen.
“Tu vecino es un campo donde los manantiales de tu esperanza caminan con sus verdes vestiduras, y donde los inviernos de tu deseo sueñan con cumbres nevadas.
“Tu vecino es un espejo en el cual contemplarás tu rostro embellecido por una alegría que tú mismo no conocías, y por una tristeza que tú mismo no compartiste.
“Querría que amarais al prójimo tal como yo os he amado”.
Entonces le pregunté diciendo:
«¿Cómo puedo amar a un prójimo que no me ama, y que codicia mis bienes? ¿Aquel que robaría mis posesiones?».
Y Él respondió: «Cuando estás arando y tu siervo va sembrando la semilla detrás de ti, ¿te detendrías, mirarías hacia atrás y espantarías a un gorrión que se alimenta de unas pocas semillas tuyas? Si hicieras esto, no serías digno de las riquezas de tu cosecha».