No, no podía permanecer sordo a Él, pues no era un loco. Era dueño de sí mismo; y con su sensatez de resonancias grandiosas nos denuncio y nos desafió a todos.
Por esto hice que lo crucificaran, y su crucifixión fue una señal y una advertencia para los demás que están marcados con el mismo maldito sello.
Sé muy bien que se me ha culpado de esto, incluso por algunos de los ancianos en el Sanedrín. Pero yo era consciente entonces, como lo soy ahora, de que es preferible que un solo hombre muera por el pueblo a que el pueblo sea extraviado por un solo hombre.
Jesús fue vencido por un enemigo exterior. Me aseguraré de que Judea no vuelva a ser vencida por un enemigo interior.
Ningún hombre del maldito Norte llegará a nuestro Santo de los Santos ni proyectará su sombra sobre el Arca de la Alianza.