“Pero yo os
¡Oh, qué palabras ardientes, qué olas de mares desconocidos para las orillas de nuestra mente:
“Pero yo os digo”!
Qué estrellas buscando la oscuridad del alma, y qué almas insomnes aguardando el amanecer.
Para hablar del discurso de Jesús es menester tener Su discurso o el eco del mismo.
No tengo ni la palabra ni el eco.
Te ruego que me perdones por comenzar una historia que no puedo terminar.
Pero el final aún no está en mis labios. Sigue siendo una canción de amor en el viento.