Era el rostro de una ramera que vivía en Jerusalén.
Entonces abrí los ojos y lo miré, y Él me estaba sonriendo a mí y a los demás que no se habían levantado del tablero.
Y volví a cerrar los ojos, y vi a la luz a siete hombres con vestiduras blancas de pie alrededor de Él. Y contemplé el rostro de uno de ellos.
Era el rostro del ladrón que fue crucificado después a Su diestra.
Y más tarde Jesús y Sus camaradas salieron de mi casa hacia el camino.