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nydus/Jesus the Son of ManPublic
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María Magdalena

Era en el mes de junio cuando lo vi por primera vez. Él caminaba por el trigal cuando pasé con mis doncellas, y estaba solo.

El ritmo de Sus pasos era diferente al de los demás hombres, y el movimiento de Su cuerpo no se parecía a nada que hubiera visto antes.

Los hombres no caminan por la tierra de esa manera.

Y aun ahora no sé si Él caminaba rápido o despacio.

Mis doncellas le señalaron con el dedo y se hablaron en tímidos susurros la una a la otra. Y detuve mis pasos por un momento, y alcé la mano para saludarle.

Pero Él no volvió su rostro, y no me miró. Y le odié.

Fui arrastrada de nuevo hacia mi interior, y estaba tan fría como si hubiera estado en un ventisquero. Y temblé.

Aquélla noche Lo contemplé en mis sueños; y después me contaron que grité dormido y estuve inquieto en mi lecho.

Fue en el mes de agosto cuando lo vi de nuevo, a través de mi ventana.

Estaba sentado a la sombra del ciprés al otro lado de mi jardín, y permanecía inmóvil como si hubiera sido esculpido en piedra, a la manera de las estatuas de Antioquía y otras ciudades del País del Norte.

Y mi esclavo, el egipcio, vino a mí y me dijo:

“Ese hombre está aquí otra vez. Está sentado ahí, al otro lado de tu jardín”.

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