Yo te amo a ti en ti misma. Los otros hombres ven en ti una hermosura que se marchitará antes que sus propios años. Mas yo veo en ti una hermosura que no se marchitará, y en el otoño de tus días esa hermosura no temerá mirarse en el espejo, ni se sentirá
“Yo solo amo lo invisible en ti.”
Luego dijo en voz baja:
«Vete ahora. Si este ciprés es tuyo y no quieres que me siente en su sombra, seguiré mi camino».
Y clamé a Él y le dije:
«Maestro, ven a mi casa. Tengo incienso para quemar en tu honor y una jofaina de plata para tus pies. Eres un extraño y, sin embargo, no un extraño. Te lo ruego, ven a mi casa».
Then He stood up and looked at me even as the seasons might look down upon the field, and He smiled. And He said again:
“All men love you for themselves. I love you for yourself.”
Y entonces Él se alejo.
Pero ningún otro hombre recorrió jamás el camino que Él recorrió.
¿Fue un aliento nacido en mi jardín el que se movió hacia el oriente? ¿O fue una tormenta que sacudiría todas las cosas hasta sus cimientos?
No lo sabía, pero en aquel día la puesta de sol de Sus ojos mató al dragón en mí, y me convertí en mujer, me convertí en Miriam, Miriam de Mijdel.