“Pero descubrí que no era un reino lo que Jesús buscaba, ni era de los romanos de quienes nos habría liberado. Su reino no era sino el reino del corazón. Le oí hablar de amor, caridad y perdón, y las mujeres de los caminos escuchaban con alegría, pero mi corazón se volvió amargo y me endurecí.
“Mi prometido rey de Judea parecía de pronto haberse vuelto flautista, para calmar la mente de errantes y vagabundos.
“Yo lo había amado como otros de mi tribu lo habían amado. Lo había contemplado como una esperanza y una liberación del yugo de los extranjeros. Pero cuando no quiso pronunciar una palabra ni mover un dedo para librarnos de ese yugo, y cuando incluso habría dado al César lo que es del César, entonces la desesperación me llenó y mis esperanzas murieron. Y dije:
‘Aquel que asesina mis esperanzas será asesinado, porque mis esperanzas y expectativas son más preciosas que la vida de cualquier hombre’ ”.
Entonces Judas crujió los dientes; y bajó la cabeza. Y cuando volvió a hablar, dijo: «Lo he entregado. Y hoy ha sido crucificado. … Y sin embargo, cuando murió en la cruz, murió como un rey. Murió en la tempestad como mueren los libertadores, como los hombres inmensos que viven más allá del sudario y de la piedra.
“Y mientras Él iba muriendo, fue clemente y fue bondadoso; y su corazón estaba lleno de compasión. Sintió compasión incluso por mí, que lo había entregado”.
Y yo dije: «Judas, has cometido una falta grave».
Y Judas respondió:
«Pero Él murió como rey. ¿Por qué no vivió como rey?».