Diecinueve siglos después
Maestro, maestro de los cantores, Maestro de palabras no pronunciadas,
Siete veces nací, y siete veces he muerto, Desde tu última y apresurada visita y nuestra breve bienvenida. Y he aquí que vuelvo a vivir, Recordando un día y una noche entre las colinas, Cuando tu marea nos elevó.
Después crucé muchas tierras y muchos mares, Y dondequiera que me guiaran la silla o la vela Tu nombre fue oración o discusión.
Los hombres te bendecían o te maldecían; * La maldición, una protesta contra el fracaso, * La bendición, un himno del cazador Que regresa de las colinas Con provisiones para su compañera.
Tus amigos siguen entre nosotros para darnos consuelo y apoyo, Y también tus enemigos, para darnos fuerza y seguridad.
Tu madre está con nosotros; he contemplado el brillo de su rostro en el semblante de todas las madres; Su mano mece cunas con dulzura, Su mano doña mortajas con ternura.
Y María Magdalena sigue en medio de nosotros, Ella que bebió el vinagre de la vida, y luego su vino.
Y Judas, el hombre de dolor y pequeñas ambiciones, Él también camina por la tierra; Aun ahora se devora a sí mismo cuando su hambre no halla otra cosa, Y busca su yo más vasto en la autodestrucción.