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nydus/Jesus the Son of ManPublic
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Cyborea la Madre de Judas

Mi hijo era un hombre bueno y honrado. Fue tierno y bondadoso conmigo, y amaba a los suyos y a sus compatriotas. Y aborrecía a nuestros enemigos, los malditos romanos, que visten telas de púrpura aunque no hilan ni se sientan ante ningún telar; y que cosechan y recogen donde no han arado ni sembrado la semilla.

Mi hijo apenas tenía diecisiete años cuando lo atraparon disparando flechas contra la legión romana que atravesaba nuestro viñedo.

Aun a esa edad les hablaba a los otros jóvenes de la gloria de Israel, y pronunciaba muchas cosas extrañas que yo no comprendía.

Era mi hijo, mi único hijo.

Él bebió la vida de estos pechos ahora resecos, y dio sus primeros pasos en este jardín, aferrándose a estos dedos que hoy son como juncos temblorosos.

Con estas mismas manos, jóvenes y frescas entonces como las uvas del Líbano, guardé sus primeras sandalias en un pañuelo de lino que mi madre me había regalado.

Todavía las conservo allí, en ese baúl, junto a la ventana.

Él fue mi primogénito, y cuando dio su primer paso, yo también di mi propio paso. Pues las mujeres no viajan sino cuando sus hijos las guían.

Y ahora me dicen que ha muerto por su propia mano; que se arrojó desde la Roca Alta en un remordimiento por haber traicionado a su amigo Jesús de Nazaret.

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