CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Jesus the Son of ManPublic
Página 162 de 209
Table of Contents

Susana de Nazaret, vecina de María

Al amanecer aún seguía de pie entre nosotros, como un estandarte solitario en el yermo donde no hay huestes.

Lloramos porque conocíamos el mañana de su hijo; mas ella no lloró, porque también sabía lo que le acontecería.

Sus huesos eran de bronce y sus tendones de los olmos ancestrales, y sus ojos eran como el cielo, amplios y audaces.

¿Has oído cantar a un tordo mientras su nido arde en el viento?

¿Has visto a una mujer cuya tristeza es demasiado grande para las lágrimas, o un corazón herido que quisiera elevarse por encima de su propio dolor?

No has visto a una mujer así, porque no has estado en presencia de María; y no has sido envuelto por la Madre Invisible.

En ese momento silencioso en que los cascos amortiguados del silencio golpean los pechos de los desvelados, Juan, el joven hijo de Zebedeo, vino y dijo:

“Madre María, Jesús va a partir. Ven, sigámosle”.

Y María puso la mano sobre el hombro de Juan y salieron, y nosotros los seguimos.

Cuando llegamos a la Torre de David vimos a Jesús cargando Su cruz. Y había una gran muchedumbre a Su alrededor.

Y otros dos hombres llevaban también sus cruces.

Y la cabeza de María estaba alta, y caminó con nosotros tras su hijo. Y su paso era firme.

Y detrás de ella caminaban Sion y Roma, sí, el mundo entero, para vengarse de un Hombre libre.

162