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nydus/Jesus the Son of ManPublic
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Un filósofo persa en Damasco

No puedo decir el destino de este Hombre, ni puedo decir qué será de Sus discípulos.

Una semilla oculta en el corazón de una manzana es un huerto invisible. Sin embargo, si esa semilla cayera sobre una roca, no llegará a nada.

Pero esto digo: El antiguo Dios de Israel es duro e implacable. Israel debería tener otro Dios; uno que sea clemente y perdonador, que los mire desde lo alto con piedad; uno que descienda con los rayos del sol y camine por el sendero de sus limitaciones, en vez de sentarse para siempre en el tribunal del juicio para sopesar sus faltas y medir sus maldades.

Israel debería engendrar un Dios cuyo corazón no fuera un corazón celoso, y cuya memoria de sus faltas fuera breve; uno que no se vengara de ellos ni hasta la tercera ni hasta la cuarta generación.

El hombre aquí en Siria es como el hombre en todas las tierras. Se mira en el espejo de su propio entendimiento y halla en él a su deidad. Da forma a los dioses a su propia semejanza y adora aquello que refleja su propia imagen.

En verdad el hombre reza a su anhelo más profundo, para que este se eleve y colme la suma de sus deseos.

No hay mayor profundidad que el alma del hombre, y el alma es el abismo que se clama a sí misma; pues no hay otra voz que hable ni hay otros oídos que escuchen.

Aun nosotros en Persia veíamos nuestros rostros en el disco del sol y nuestros cuerpos danzando en el fuego que encendemos sobre los altares.

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