Me interrogas acerca de los milagros de Jesús.
Cada mil millones de años el sol y la luna y esta tierra y todas sus hermanas planetarias se reúnen en línea recta, y se confabulan un momento.
Luego se dispersan lentamente y aguardan el paso de otros mil millones de años.
No hay más milagros que las estaciones, pero tú y yo no conocemos todas las estaciones. ¿Y si una estación se manifestara en la forma de un hombre?
En Jesús, los elementos de nuestros cuerpos y de nuestros sueños se unieron conforme a la ley. Todo lo que era atemporal antes de Él se volvió temporal en Él.
Dicen que devolvió la vista a los ciegos y la marcha a los paralíticos, y que expulsó demonios de los endemoniados.
Acaso la ceguera no sea más que un oscuro pensamiento que puede ser vencido por un pensamiento ardiente.
Acaso un miembro marchito no sea más que pereza que puede ser avivada por la energía.
Y tal vez los demonios, estos elementos inquietos en nuestra vida, sean expulsados por los ángeles de la paz y la serenidad.
Dicen que Él resucitó a los muertos. Si puedes decirme qué es la muerte, entonces te diré qué es la vida.