“¿Quién sabe si acaso me negarás antes de que acabe esta noche, y me dejarás antes de que yo te
Entonces, de repente, Él dijo: «Ahora vámonos de aquí».
Y Él salió de la posada y nosotros le seguimos. Pero cuando llegamos a la puerta de la ciudad, Judas Iscariote ya no estaba con nosotros. Y cruzamos el Valle de Hinom. Jesús caminaba muy adelantado a nosotros, y nosotros caminábamos muy cerca los unos de los otros.
Cuando llegó a un olivar, se detuvo y se volvió hacia nosotros diciendo: «Descansad aquí durante una hora».
La tarde era fresca, aunque ya entrativa la primavera con las moreras desplegando sus brotes y los manzanos en flor. Y los jardines desprendían dulzura.
Cada uno de nosotros buscó el tronco de un árbol y nos tendimos. Yo mismo me envolví en la capa y me tumbé bajo un pino.
Pero Jesús se alejó y caminó solo por el olivar. Y yo le vigilé mientras los demás dormían.
De pronto se quedaba quieto, y de nuevo caminaba de un lado a otro. Esto lo hizo muchas veces.
Entonces Le vi levantar Su rostro hacia el cielo y extender Sus brazos hacia el este y el oeste.
Una vez Él había dicho: «El cielo y la tierra, y también el infierno, son del hombre». Y ahora recordaba Su decir, y sabía que aquel que paseaba por el olivar era el cielo hecho hombre; y pensé que el seno de la tierra no es un principio ni un fin, sino más bien un carruaje, una pausa; y un momento