¿Podías oír en tus sueños una voz tímida de su propio éxtasis?
Me llamó y Le seguí.
Esa tarde regresé a la casa de mi padre para buscar mi otra capa.
Y le dije a mi madre:
«Jesús de Nazaret me quiere en Su compañía».
Y ella dijo:
“Ve por Su camino, hijo mío, aun como tu hermano.”
Y Yo lo acompañé.
Su fragancia me llamó y me mandó, pero solo para liberarme.
El amor es un anfitrión benévolo con sus invitados, aunque para los no invitados su casa es un espejismo y una burla.
Ahora pretenderías que te explique los milagros de Jesús.
Todos somos el gesto milagroso del momento; nuestro Señor y Maestro era el centro de ese momento.
Sin embargo, no era Su deseo que Sus gestos fueran conocidos.
Le he oído decir al cojo:
“Levántate y vete a casa, mas no digas al sacerdote que yo te he sanado”.
Y la mente de Jesús no estaba en el lisiado; estaba más bien con los fuertes y los rectos.
Su mente buscó y retuvo a otras mentes y Su espíritu completo visitó a otros espíritus.