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nydus/Jesus the Son of ManPublic
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Susana de Nazaret, vecina de María

“Venid conmigo a Jerusalén y sed testigos de la matanza del cordero para la

Aquel mismo día María vino a mi puerta y dijo:

“Él busca la Ciudad Santa. ¿Vendrás a seguirle conmigo y las otras mujeres?”

Y caminamos el largo sendero detrás de María y su hijo hasta que llegamos a Jerusalén. Y allí una compañía de hombres y mujeres nos aclamó en la puerta, pues su venida había sido anunciada a aquellos que lo amaban.

Pero en esa misma noche Jesús salió de la ciudad con Sus hombres.

Se nos dijo que Él se había ido a Betania.

Y María se quedó con nosotros en la posada, esperando Su regreso.

En la víspera del jueves siguiente, fue capturado fuera de los muros y retenido como prisionero.

Y cuando supimos que Él era un prisionero, María no pronunció una sola palabra, sino que aparecieron en sus ojos el cumplimiento de aquel dolor y aquella alegría prometidos que habíamos presenciado cuando ella no era más que una novia en Nazaret.

Ella no lloró. Solo se movía entre nosotros como el fantasma de una madre que no quería lamentar el fantasma de su hijo.

Nos sentamos bajo en el suelo pero ella estaba erguida, caminando de un lado a otro de la habitación.

Se quedaba de pie junto a la ventana y miraba hacia el este, y luego, con los dedos de ambas manos, se echaba el pelo hacia atrás.

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