Dicen que Jesús de Nazaret era humilde y manso.
Dicen que aunque Él era un hombre justo y recto, era un debilucho, y a menudo era confundido por los fuertes y los poderosos; y que cuando se paraba ante hombres de autoridad no era más que un cordero entre leones.
Pero yo digo que Jesús tenía autoridad sobre los hombres, y que conocía Su poder y lo proclamaba entre las colinas de Galilea, y en las ciudades de Judea y Fenicia.
¿Qué hombre complaciente y blando diría: “Yo soy la vida, y yo soy el camino a la verdad”?
¿Qué hombre manso y humilde diría: «Yo estoy en Dios, nuestro Padre; y nuestro Dios, el Padre, está en mí»?
¿Qué hombre, desatendido de su propia fuerza, diría: «Quien no cree en mí, no cree en esta vida ni en la vida eterna»?
¿Qué hombre incierto del mañana proclamaría:
«Tu mundo pasará y no será más que cenizas esparcidas antes de que mis palabras pasen»?
¿Dudó de Sí mismo cuando dijo a aquellos que querían confundirlo con una ramera: «El que esté sin pecado, que arroje la piedra»?
¿Temió a la autoridad cuando expulsó a los cambistas del atrio del templo, a pesar de que contaban con la autorización de los sacerdotes?