Están crucificados y no hay nadie que presencie su agonía. Giran su rostro a derecha e izquierda Y no hallan a uno solo que les prometa un lugar en su reino. Aun así, quisieran ser crucificados una y otra vez, Para que tu Dios sea su Dios, Y tu Padre su Padre.
Maestro, Amante Maestro,
La Princesa aguarda tu llegada en su cámara olorosa, Y la casada no casada en su jaula; La ramera que busca pan en las calles de su vergüenza, Y la monja en su claustro que no tiene esposo; También la mujer sin hijos en su ventana, Donde la escarcha diseña el bosque en el vidrio, Ella te halla en esa simetría, Y querría ser tu madre, y verse reconfortada.
Maestro, Poeta Maestro, Maestro de nuestros deseos silenciosos,
El corazón del mundo se estremece con el latido de tu corazón, Pero no arde con tu canto.
El mundo se sienta a escuchar tu voz con deleite tranquilo, Pero no se levanta de su asiento Para escalar las crestas de tus colinas.
El hombre querría soñar tu sueño, mas no querría despertar a tu aurora Que es su sueño mayor.
Querría ver con tu visión, Mas no querría arrastrar sus pesados pies hasta tu trono;
Sin embargo, muchos han sido entronizados en tu nombre Y mitrados con tu poder, Y han convertido tu visita de oro En coronas para su cabeza y cetros para su mano.
Maestro, Maestro de la Luz, Cuyo ojo habita en los dedos buscadores del ciego, Aún eres despreciado y burlado, Un hombre demasiado débil e