Y después de eso todo el fruto desabrido de la vida se tornó dulce en mi boca, y las flores sin aroma exhalaron fragancia en mis fosas nasales. Me convertí en una mujer sin un recuerdo mancillado, y fui libre, y mi cabeza ya no volvió a estar inclinada.
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Joanna la mujer del mayordomo de Herodes
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