Llorad conmigo, hijas de Astarté, y todos los amantes de Tamuz.
Haced que vuestro corazón se derrita, se levante y derrame lágrimas de sangre, Porque Aquel que estaba hecho de oro y marfil ya no existe. En el bosque oscuro el jabalí Lo venció, Y los colmillos del jabalí le anegaron la carne. Ahora yace manchado con las hojas de antaño, Y Sus pasos ya no despertarán las semillas que duermen en el seno de la primavera.
Su voz no vendrá con el alba a mi ventana, Y estaré eternamente sola.
Llorad conmigo, hijas de Astarte, y todos los amantes de Tamuz,
Pues mi Amado se me ha escapado; Él, que hablaba como hablan los ríos; Él, cuya voz y cuyo tiempo eran gemelos; Él, cuya boca era un dolor rojo vuelto dulzura; Él, sobre cuyos labios la hiel se tornaba miel.
Llorad conmigo, hijas de Astarté, y vosotros, amantes de Tamuz.
Llorad conmigo alrededor de su féretro como lloran las estrellas, Y como los pétalos de luna caen sobre su cuerpo herido.
Empapad con vuestras lágrimas las cubiertas de seda de mi lecho, Donde mi Amado yacía antaño en mi sueño, Y se marchó al despertarme.
Os conjuro, hijas de Astarté, y todos vosotros, amantes de Tamuz, Descubrid vuestros pechos y llorad y consoladme, Porque Jesús de Nazaret ha muerto.