Una vez más hablaría de Él.
Dios me dio la voz y los labios ardientes aunque no el habla.
Y yo no soy digno de la palabra más plena, mas quisiera convocar mi corazón a mis labios.
Jesús me amaba y yo no sabía por qué.
Y le amé porque vivificó mi espíritu hasta alturas más allá de mi estatura, y hasta profundidades más allá de mi plomada.
El amor es un misterio sagrado.
A los que aman, les permanece por siempre sin palabras;
Pero para aquellos que no aman, puede ser tan solo una broma sin corazón.
Jesús me llamó a mí y a mi hermano cuando laborábamos en el campo.
Yo era joven entonces y solo la voz del alba había visitado mis oídos.
Pero Su voz y la trompeta de Su voz fueron el fin de mi labor y el comienzo de mi pasión.
Y no me quedaba entonces más que caminar bajo el sol y adorar la hermosura de la hora.
¿Podrías concebir una majestad demasiado bondadosa para parecer majestuosa? ¿Y una belleza demasiado radiante para parecer hermosa?