Su cabeza estaba siempre erguida, y la llama de Dios ardía en sus ojos.
A menudo estaba triste, pero Su tristeza era una ternura mostrada a los que sufrían, y una camaradería brindada a los solitarios.
Cuando Él sonreía, su sonrisa era como el hambre de aquellos que anhelan lo desconocido.
Era como el polvo de estrellas cayendo sobre los párpados de los niños.
Y era como un bocado de pan en la garganta.
Estaba triste, pero era una tristeza que subía a los labios y se convertía en sonrisa.
Era como un velo dorado en el bosque cuando el otoño se apodera del mundo.
Y a veces parecía luz de luna sobre las orillas del lago.
Sonrió como si sus labios fuesen a cantar en el banquete de bodas.
Sin embargo, Él estaba triste con la tristeza del alado que no quiere elevarse por encima de su compañero.