hace al presidente Wilson de que «jugaba una mano solitaria» y no se valía de consejos, solo puede ser hecha por aquellos que ignoran el gobierno judío que asesoraba continuamente al presidente en todos los asuntos.
Mientras que se supone que el Presidente era sumamente celoso de su autoridad, esta visión de él solo puede sostenerse si se permanece ciego ante la inmensa autoridad que otorgó a los miembros del Gobierno de Guerra Judío. Es cierto que no confió en el Congreso; es cierto que hizo poco caso de los miembros de su Gabinete; también es cierto que ignoró el lugar constitucional del Senado de los Estados Unidos en la labor consultiva de hacer tratados; pero no es cierto que actuara sin consejo; no es cierto que dependiera de su propia mente en la conducción de la guerra y