carga para el país7») y también sabía que se harían esfuerzos para hacer frente a esa situación. Pero, más que eso, dejó caer lo que debe interpretarse como una advertencia de que tales esfuerzos serían resistidos. Dijo:
“Existe un refrán francés: ‘cet animal est très impatient; il se défend quand on l'attaque.’ Si los judíos son atacados, se defenderán, y ustedes tendrán algo parecido a disturbios internos”. Aparentemente llegó el momento en los Estados Unidos en que algún funcionario clarividente comenzó a preguntarse qué presagiaba la invasión judía. Ya era demasiado fuerte como para ser atacada abiertamente. El lobby judío en Washington era poderoso incluso en aquella época. Así pues, al parecer, este funcionario concluyó que la mejor manera de acometer una tarea tan trascendental era recopilar la información.
Pero para obtener la información, el Congreso tuvo que dar su permiso; y para obtener el permiso del Congreso, hubo que ordenar la celebración de audiencias.
Se ordenaron audiencias y los registros de las mismas, aunque muy escasos, todavía existen. Al lector se le ofrecerán pronto extractos importantes de ellas, y verá por sí mismo cómo reaccionaron ciertos estadistas estadounidenses ante todo el asunto.
Conviene hacer una observación aquí mismo, a saber, que el lobby judío acabó volviéndose más hábil en tales asuntos. Ahora se encarga muy bien de que no se nombren funcionarios que hagan sugerencias capaces de precipitar audiencias en el Congreso sobre el asunto judío. Se acerca el momento, por supuesto, en que toda la Cuestión Judía podrá ser debatida a fondo por el gobierno de los Estados Unidos, pero no será porque un funcionario la haya precipitado; será porque el pueblo lo exigirá.
Los funcionarios son