pasado la mayoría de la gente tuvo dificultades para encontrar tarjetas de Navidad que indicaran de alguna manera que la Navidad conmemora el Nacimiento de Alguien. En Pascua tendrán la misma dificultad para encontrar tarjetas de Pascua que contengan alguna sugerencia de que la Pascua conmemora cierto acontecimiento. Habrá conejos y huevos y flores de primavera, pero será difícil encontrar un indicio de la Resurrección. Ahora bien, todo esto empieza con los diseñadores de las tarjetas. Y incluso en este negocio uno tropieza con esa misma política de declarar antisemita todo lo que es cristiano. Si el rabino Coffee dice que el Nuevo Testamento es el libro más antisemita jamás escrito, ¿cuál debe ser el juicio sobre una tarjeta de Pascua que sea verdaderamente una tarjeta de Pascua?
En noviembre de 1919, el Comité Antidifamación afirmó que 150 ciudades estadounidenses habían excluido «El mercader de Venecia» de las escuelas públicas. Los periódicos al escribir esto anuncian que David Warfield, el gran actor judío, va a interpretar a «Shylock» de la manera que, según cree, representa la verdadera concepción de Shakespeare. Puede que la Liga Antidifamación termine descubriendo que ha gastado mucha energía dando palos al ciego, sobre todo porque los mejores críticos de Shakespeare declaran que «El mercader de Venecia» no trata sobre un judío en absoluto, sino sobre la usura como una práctica viciosa que atrapó tanto a judíos como a no judíos y trajo división.
Había, sin embargo, cierta sutiliza en el modo en que la Liga Antidifamación abordaba la cuestión de la exclusión del «Mercader». No era una incapacidad para apreciar la excelente obra de Shakespeare. Oh, no, nada de eso. Tampoco era una confesión